Concierto de FoxyLadys. Fotografía: Vero Bautista

Bailar en un concierto es un tipo de trabajo con unas diferencias importantes respecto a bailar en un teatro u otro tipo de escenario para danza. Veamos como bailarinas a qué modificaciones en nuestra manera de coreografiar nos enfrentamos.

Música en directo vs. Música de estudio

  • Música en directo: las bailarinas estamos acostumbradas a analizar y memorizar canciones grabadas, con un tempo determinado y los matices originales incluidos en la grabación de estudio. En directo la canción no pierde su esencia, pero puede variar sustancialmente desde el punto de vista del bailarín: tempo diferente, inclusión o pérdida de sonidos, introducción distinta, solo de guitarra que se alarga… Todo esto afecta a la danza y hay que ser más flexibles con nuestra coreografía que el caso de utilizar música grabada.
  • Ensayo con la banda: es fundamental ensayar previamente con los músicos y consensuar todos los aspectos anteriores con ellos. La canción original puede variar, pero de una manera pactada de antemano. Si no, la bailarina puede ver deshecho en escena su trabajo coreográfico, con la pérdida de calidad del espectáculo que eso conlleva.
Fotografía: Vero Bautista

Fotografía: Vero Bautista

S.O.S. ¡El espacio!

  • Libertad espacial: está mucho más restringida que en un teatro u otro espacio preparado específicamente para la danza. Las restricciones de espacio vienen dadas por los músicos y sus instrumentos y hacen que pases de tener 50 metros cuadrados libres a un escenario lleno de obstáculos, donde los espacios útiles pueden llegar en el mejor de los casos a 4 metros cuadrados.
  • Elementos para danza restringidos: las restricciones de espacio sí pueden dificultar o impedir el uso de ciertos elementos, como velos, alas, espadas y cualquier elemento voluminoso o que aumente mucho nuestra envergadura.
  • Recursos visuales más limitados: la puesta en escena es la que es, es decisión del grupo y, por otra parte, los conciertos de música no tienen en general los mismos medios técnicos que un teatro. Tienen otros diferentes, más centrados como es lógico en el sonido, y frecuentemente la parte visual queda en un segundo plano. Es justo citar a algunos grupos que crean escenografías espectaculares para sus conciertos, como la que puede apreciarse en este vídeo de Mägo de Oz en el que la bailarina Isabel Martínez disfruta de un escenario amplísimo y con un gran decorado.

Coreografiar para un concierto

  • Formato semi-improvisado: dado que existen más artistas en el escenario con su propia movilidad y que, pese a haber consensuado cómo tocarán el tema, existe la posibilidad de variaciones en directo, recomiendo crear la coreografía adaptándola a un formato de semi-improvisación, con una parte coreografiada y una parte libre a adaptar en escena según se desarrolle la canción.
  • Recursos para imprevistos: otra manera de trabajar la semi-improvisación es diseñar recursos previos para reaccionar en caso de imprevisto: ¿qué haré si repiten una estrofa de manera inesperada? ¿Tengo movimientos preparados por si el solo de guitarra se alarga 8 compases?
  • Desplazamientos simplificados: los obstáculos dificultan desplazamientos complejos como los giros encadenados, por ejemplo. Por ello deberán ser más sencillos, incluso simplemente caminados, algo por lo que probablemente nunca optaríamos si actuáramos en un teatro.
  • Pérdida de complejidad: es fácil que la coreografía pierda complejidad, al menos en algunas de sus partes, al estar restringida la libertad de desplazamiento.
  • Interacción con los músicos: dado que músicos y bailarines formamos parte de la misma escena, podemos coreografiar de antemano ciertas interacciones entre nosotros o bien realizarlas de manera espontánea en el momento.
  • El vestuario es conveniente que se integre con la estética del grupo y/o de la canción coreografiada para conseguir mayor coherencia artística.

Bailar en un concierto es una gran experiencia que tiene como desventaja fundamental los problemas de espacio, lo cual es fácil que limite la calidad artística del trabajo, pero otorga una perspectiva diferente de la conjugación música-danza y permite trabajar con artistas de otro ramo, lo cual es siempre enriquecedor. Cada vez más grupos se animan a incluir la danza y el teatro como parte de su propuesta artística, tanto en España como el resto del mundo. Ya citamos a la violinista Lindsey Stirling como gran exponente del arte integrador que, aunque su trabajo ecléctico no pueda encuadrarse específicamente dentro del rock-metal, sirve de inspiración para artistas de cualquier género.