El Ángel Caído representa mediante la danza el instante en que Lucifer es arrojado del Paraíso, inmediatamente antes de su transformación en el Príncipe de los Infiernos.

Construyendo el personaje

El Ángel Caído ha sido una de las pocas coreografías que he construido verdaderamente sobre un personaje y no tomando como motor primario una canción determinada. En otras coreografías en las que he podido utilizar algunos atuendos de caracterización como en Cowgirl from hell, no son realmente construcciones de personajes.
Construir un personaje implica estudiar sus gestos, sus emociones y sus reacciones e incluir todo ello en la coreografía, eligiendo la música conveniente para representarlo.

Guion de la coreografía

Las coreografías basadas en personajes se encuentran a medio camino entre la danza y el teatro: cuentan una historia a través del cuerpo, utilizando recursos teatrales para transmitirla al espectador.
Mi coreografía parte del instante preciso en que Lucifer es arrojado del Cielo y siente arrepentimiento y tristeza por el paraíso perdido: abarca el periodo de tiempo que le separa de ser el Ángel de la Luz al Príncipe de la Oscuridad. En cuanto a los movimientos, fue necesario incluir gestos icónicos propios de los ángeles, como los rezos, y gestos de dolor ante su enfrentamiento con Dios. Lucifer aún no es un ángel corrompido por las fuerzas del mal, el Infierno aún le resulta un territorio hostil.

Música de Evanescence

El montaje musical en las coreografías teatralizadas cobra una especial importancia, dado que es complicado que una única canción sin más añadidos cubra las necesidades del guion.
En esta pieza yo utilicé una introducción con música celestial y efectos de sonido para representar el cierre de las Puertas del Cielo y la llave de San Pedro impidiendo el retorno. Como tema principal, escogí My immortal, de Evanescence, después de estudiar su letra y valorar si la musicalidad y tono emocional de la canción se adaptaban al personaje.

Las alas de un ángel

El vestuario de El Ángel Caído es muy elaborado, con piezas de ropa que incluyen plumas y unas alas de plumas, todo en negro. Hay que tener especial cuidado en camerinos porque la envergadura de la bailarina se ve aumentada en un metro más de lo habitual con este tipo de alas que no pueden plegarse y los roces con las paredes pueden llegar a dañarlas.
En cuanto a la danza en sí, las alas de plumas conllevan problemas de movilidad. Dificultan el trabajo de suelo y los movimientos de brazos en la semi-kinesfera trasera. Sin embargo, la belleza que se consigue a través de este tipo de vestuarios hace que en ocasiones merezca la pena restringir nuestro repertorio en detrimento de la puesta en escena global.